Cada vez más gente acude a «máquinas milagrosas» para bajar kilos: la demanda subió 40%. Advierten que no reemplazan los beneficios de los ejercicios tradicionales.
Se meten en cápsulas de ozono, hacen glúteos dentro de mangas plásticas, se someten a rodillos eléctricos y se enchufan a distintas «máquinas milagrosas». Cada vez más mujeres hacen gimnasia sin esfuerzo en aparatos ultramodernos que prometen quitar centímetros en las zonas más rebeldes del cuerpo. Y así alimentan la moda de afinar la cintura y endurecer la cola sin sudor. Todo, gracias a la tecnología robótica.
Estas maquinarias de avanzada —la mayoría importada de Europa y EE.UU.— desembarcaron en el país a fines de los ’90. Y, de a poco, se impusieron en centros de belleza y de estética. Hoy, hay un amplio abanico de tratamientos para bajar de peso y modelar en un ambiente de relax y distensión. Las usuarias son generalmente profesionales de clase media y alta, de alrededor de 30 años, aunque también hay adolescentes y mayores de 70 años.
Con la llegada de la primavera y la necesidad de verse mejor, estos «gimnasios tecnológicos» están a full: la demanda creció un 40 %. En algunos lugares, incluso, se duplicó, según una recorrida de Clarín por distintos institutos de Capital y GBA.
Lo mismo sucede en los gimnasios tradicionales. En esta época, las inscripciones aumentaron un 30 %. Pero allí advierten que los alumnos que llegan con la brisa primaveral se irán ni bien empiece el calor del verano. Los llaman «alumnos golondrinas».
FUENTE: clarín.com

